Estos micros participan en el II Concurso de Microrrelatos Negros de La Bobìla.
Estos fueron asesinados dos
veces –piensa el inspector hojeando casos sin resolver–. Después del entierro,
los mató el olvido.
Su vida era una pesadilla de
la que continuamente quería despertar, pero ahora que por fin está despierto,
ya no está vivo.
Antes pulsaba un botón y
hacía estallar un convoy –rememora el viejo asesino–. Ahora, al cambiar de
canal, me tiembla el pulso.
Yo no maté al gato, solo lo
puse ahí, camuflado entre la ropa. Fue mi suegra la que encendió la lavadora.
No temas,
chiquilla, no temas. Salvo el roce del bisturí sobre tu piel, no sentirás nada.
Siempre traza un signo de
interrogación en el espejo con la sangre de sus víctimas. Puede que ni él mismo
sepa por qué mata.
En aquellos sombríos
calabozos el reo se convirtió en asesino. Antes de llegar allí, era apenas un
ladronzuelo hambriento.
