Tras una oportuna llamada de
advertencia, la grúa se lleva al desguace el vetusto coche estacionado durante
meses en el mismo sitio. El vecino del tercero se apresura a ocupar la plaza
vacía con su furgoneta. La señora del bajo se alegra de no tener que ver más
esa cochambre frente a su puerta. La anciana de enfrente, aunque apenada,
admite que el automóvil de su difunto esposo ya no podía seguir allí. Y el
pandillero del ático, satisfecho, se regodea pensando en que el cuerpo que
escondió en el maletero, será pronto un amasijo prensado entre la chatarra.
Dedicado a Miguel Molina,
del blog: http://en99palabras.blogspot.com.es/
