Un cuento para personas grandes
De niño soñaba con ser aviador para estrellarse en el desierto y encontrarse con El Principito. De joven, mientras estudiaba para sacarse su licencia de vuelo, soñaba con pilotar una nave espacial y llegar a su asteroide.
De mayor, sin embargo, una vez se halló ante el vasto Universo, fue poseído por las ambiciones, que aplacaron sus sueños. Pasó tantos años ocupado en ascender a comandante, en conquistar planetas inmensos, en acopiarse de las riquezas que sus hombres obtenían arriesgando sus vidas; que olvidó la razón que lo había llevado a emprender ese viaje. Hasta que ya viejo y desgastado como su nave, decidió regresar.
Fue inmensa su sorpresa cuando, camino de la Tierra, se topó con el pequeño asteroide B612. Allí estaban aquellos tres volcanes y la engreída flor para hacerle recuperar sus sueños de juventud.
Supo, entonces, que ya solo le faltaba estrellarse en el desierto para encontrarse con El Principito.
Imagen del asteroide B612,
captada en el espacio por la nave del comandante.
Este cuento se lo dedico a Patricia Nasello, porque un día me hizo recordar a este príncipe preguntón, y porque es una de esas personas “grandes” que no han perdido la inocencia de la niñez.