Como absorbido por un intenso
remolino, el hombre gira y gira en espiral por el pequeño salón chocándose
primero con las paredes, luego con las esquinas de los muebles, con los cactus
decorativos de interior, con los brazos del sofá, con la mesita baja de cristal
que se le hinca en las rodillas y con el gato que retoza en la alfombra, hasta
que desaparece tragado por el turbio agujero formado en el suelo, en el centro
de la estancia. Al parecer hace tiempo que no está al corriente en los pagos y
el Infrabanco ha procedido a su desalojo.
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