¡Cómo olvidar aquella cita
con Amelia! Desvié el coche hacia la era que hay justo al borde del acantilado, con la intención de pasar allí nuestra primera noche juntos, pero todo
salió mal. Estábamos en los asientos traseros del vehículo, en plena faena,
cuando falló el freno de mano —o quizás, con la excitación y las prisas, ni
siguiera lo puse—, el caso es que justo antes de llegar a la cúspide del
clímax, caímos al vacío. Desde que tuvimos aquel accidente, y el destino quiso
que únicamente yo sobreviviera, apenas si noto su ausencia. Ella me acaricia a
cada instante con sus manos invisibles y yo no dejo de sentir escalofríos
recorriendo mi cuerpo. Algo me dice que nuestra historia no culminó como es
debido; que ambos nos quedamos atascados, con ganas de más…