
Querido hijo:
He hablado con la muerte
esta semana. Dijo que vendría pronto a buscarme y que me llevaría con ella para
siempre. Desde entonces la espero todas las noches junto a la ventana
tarareando recuerdos de antiguas melodías, mientras el ronroneo del viejo
tocadiscos agita mis pies. En esta animada calma aguardo su llegada. No llores,
hijo. No sufras por mí. La muerte luce el cándido rostro de tu madre.
Cuando se tiene la certeza de que la muerte se acerca, lo mejor es esperarla con el talante de este abuelo; satisfecho de haber vivido intensamente.
ResponderEliminarUn beso, Sara.
Eso es, MJ. Quizás alivia que la imagen de la muerte tenga el rostro de los seres queridos, que ya no están.
EliminarUn abrazo.
Qué serenidad desprende tanto el texto como el dibujo!
ResponderEliminarOjalá la esperáramos todos así.
Saludos.
Ojalá fuera así siempre, Ohma.
EliminarGracias por la visita. Bienvenida a este blog. Un saludo.
Que despedida tan amable, que manera tan maravillosa de decir adiós, cuando se sabe que se encontrará con el rostro querido...
ResponderEliminarPrecioso texto, Sara. A mi me gustan las cartas, escribí muchas hace tiempo, algunas todavía las retengo en la memoria.
Besicos salados.
Yo escribí pocas cartas, porque enseguida apareció internet... y todo cambió :-)
EliminarGracias, Cabopá.
Un abrazo nublado y cálido, como el tiempo.
Sara, muy bonito este microrrelato epistolar, que ya me gustaría a mí protagonizar. Creo que no puede existir una mejor muerte que la esperada de esta forma.
ResponderEliminarMe gustó mucho.
Besos.
Puede ser que de la misma forma que nos enfrentamos a la vida, nos enfrentamos luego a la muerte.
EliminarUn abrazo, Nicolás.
Tenemos que aprender que la muerte es algo natural. Nos queda mucho camino, incluso a los que creen en otra vida ulterior.
ResponderEliminarYo creo que tememos más al sufrimiento o la agonía que suele preceder a la muerte, que a la muerte misma.
EliminarUn abrazo, Cybrghost.
Así da gusto, ¿no?
ResponderEliminarSí, Luisa. Así da gusto.
EliminarBesos.
Que así sea en todos los casos. En el mío, también, aunque variaría algún detalle circunstancial. En el fondo, lo mismo siempre es así.
ResponderEliminarEn el fondo es así, siempre hay alguien querido que se va antes que nosotros, que anima los momentos duros con ese ansiado reencuentro.
EliminarUn abrazo, Amando.
Qué bien lo dices,
ResponderEliminarcon qué sencillez hablas de algo tan profundo...
Las palabras sencillas suelen ser las que más llegan al corazón.
EliminarUn abrazo, Rosy.
Brillante, como de costumbre. :)
ResponderEliminarGracias, Virmared por tu sonrisa.
EliminarUn abrazo.
Me hizo recordar la figura de mi abuelo, que cantaba muy bien de joven, antes de morir volvió a tararearlas.
ResponderEliminarUn abrazo
¿Será que antes de morir nos reencontramos con nosotros mismos?
EliminarUn fuerte abrazo, Mei.
¿Pero es que nadie se ha dado cuenta de que se trata de un parricidio?
ResponderEliminarSin duda, orgulloso anónimo, haces una lectura muy inquietante del texto.
ResponderEliminarNo te preocupes, el inspector que estudia el caso no ha pasado por alto esta hipótesis.
Un saludo.
El dulce momento de una espera tal vez demasiado larga. Un reencuentro deseado, un hijo que sabrá aceptarlo, un mensajero que no llega.
ResponderEliminarUn besote desde este mundo
No estaría mal que fuera así, con esa serenidad y la certeza de volver a encontrar a los que se fueron antes.
ResponderEliminarMe ha gustado mucho.
Besitos