Dicen que todo comenzó como un
mero divertimiento. Los dioses ansiaban contemplar, desde sus elevados palcos,
a los animales pisándose las colas en el estadio, y a los hombres pisándose sus
egos. Para ello convocaron torneos de lo más variopintos: futbolistas
disputando la pelota a esquivos canguros saltarines; focas y esquimales jugando
al waterpolo; gigantes contra monos encestando cocos...
Sin embargo, poco tardaron las
ociosas deidades en aburrirse. Necesitaban más acción. Incapaces de matar el
tiempo sin verter sangre, convirtieron el juego en una competición a muerte.
Acomodados en sus confortables
colchones de nubes, los supremos espectadores observaron la masacre hasta que
el último equipo pereció de agotamiento. Entonces, al comprobar que abajo ya no
quedaba nada, buscaron otra distracción. Así fue como los dioses comenzaron a
luchar entre ellos.
La ilustración es obra de Juan Luis López
del blog Dibujando sueños

















