domingo, 24 de marzo de 2013

Libertad

Esa tarde, al salir de la oficina, Ramiro se encontraba más abatido y tenso que de costumbre, así que decidió volver a casa dando un paseo, callejeando despacio por el barrio viejo de la ciudad. Mientras arrastraba con desgana los pies pensaba en todas esas ilusiones aplacadas con los años, en aquellos anhelos antiguos que las rutinas se habían encargado de domesticar. Como su loca obsesión por volar como los pájaros. Por eso, cuando pasó delante del taller de tatuajes y vio unas extrañas alas tribales que parecían llamarlo desde el escaparate, no dudó en tatuárselas en la espalda, albergando el sueño de que en algún momento se desplegaran. Y así sucedió. Esa misma noche la tinta negra comenzó a emerger de la piel tirante e hinchada hasta cobrar volumen, mientras su dorso crujía y sus omóplatos se crispaban en bruscos espasmos. Debatiéndose entre el dolor y el éxtasis corrió hasta la hondonada para abrir sus brazos al cielo. Entonces, en un último impulso, las alas se desprendieron del cuerpo en el que estaban atrapadas y salieron volando. 

15 comentarios:

  1. ¡Buf! sin duda hay que domesticar las obsesiones porque pueden en cualquier momento desplegarse y darte un buen susto o simplemente darte la libertad que de otra manera no hubieras conseguido.
    Donde empieza la locura para unos para otros comienza la cordura.
    Besos alados.

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    1. Son peligrosos los sueños y las ilusiones cuando se convierten en obsesión.
      Un abrazo, Gloria.

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  2. No somos dueños de nuestros sueños. Cedemos ante ellos, con la esperanza de que nos permitan vivir más allá de nuestras posibilidades. Un relato metafórico, el tuyo, sensible y conmovedor.

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    1. Es verdad que este cuento fantástico se puede leer casi enteramente en clave metafórica. Era también mi intención.
      Gracias Pedro por pasarte a comentar. Lo valoro mucho.
      Un abrazo.

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  3. Bonita manera de construirse la libertad. Y muy bonita forma de narralrla.
    Besicos muchos.

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    1. Lo ideal es ir construyendo nuestra libertad día a día y no encerrarnos para luego soñar con quimeras que nos rescaten. Pero a veces las cosas se tuercen, no salen como esperamos...

      Gracias por tu comentario. Un abrazo.

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  4. Me encanta ese crujir del pecho, que casi puede oírse, y la "broma" final de las alas. Buen giro, en clave negra.
    Abrazos

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    1. En clave negra, como la tinta, como las alas...
      Gracias Susana por dejarme tu comentario.
      Un abrazo.

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  5. ¡Vaya! así que las alas se marcharon por su cuenta...¡snif!, yo pensaba que este hombre podría por fin culminar su sueño y navegar por el camino de sus ilusiones perdidas con ellas bien colocadas.

    Me gusta el cuento Sara, y en especial a partir de que la tinta emerge de su cuerpo y cobra vida.

    Gran imaginación y muy buena prosa. Un besote.

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    1. Es que las alas también querían ser libres...
      Gracias, Laura.
      Un beso.

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  6. ¡Muy bien! Un final excelente. Además quiero felicitarte porque hoy compré el diario Tiempo Argentino y vi salió publicado un micro tuyo. A medida que iba leyendo, vi tu nombre y dije ¡es ella, la escritora del blog! Si querés tener la hoja con todos los microcuentos que salieron publicados te la puedo escanear y enviar.
    Saludos cordiales desde Pergamino.

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    1. Qué alegría me das, Diego. He visto la versión digital, ya que la página Cuentos y más puso el vínculo. Pero es distinto leerlo en papel. Y sí, me encantaría tener la versión escaneada. Muchas gracias por el ofrecimiento.
      Un abrazo.

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  7. Me encantan esas alas que quieren ser libres. Es como rizar el rizo.
    Estupendo micro, Sara. Muy original.

    Besotes.

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  8. ¡Wow! Intenso, uno avanza en la lectura pensando que el micro se dirige hacia una idea, y nos terminás sorprendiendo (para bien...) con ese gran final.
    Buenísimo.
    Saludos...

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  9. Es difícil estar preparado para volar. Estupendo relato.

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